Rojo
El cuerpo pesado se levanta de la cama, un dolor espantoso invade su cabeza, decide ir a la baño a lavarse un poco la cara, pero como la agonía no para, se recuesta nuevamente, mirando al techo, trata de recodar que fue lo que ocurrió la noche anterior, pero sin tener resultados vuelve la cara sobre las sabanas, que por su olor, parece ser que desde que las compró no han sido aseadas. El reloj sigue avanzando, pero para él, el tiempo no transcurre, pues aunque desea volver a soñar, el calor no se lo permite, su cuerpo que ha pasado muchas noches y tardes en este lugar se incomoda, por lo que nuevamente intenta levantarse para ir al baño y darse una ducha, el sol al calentado el agua, decide no prender el boiler, y deja caer la tibia agua sobre su piel. Mientras toca su esbeltico cuerpo con el jabón y el estropajo, oye que los niños juegan y gritan en el patio, sin tomarle importancia a esto, prosigue con su aseo.
El reloj marca las doce del día, aun sin recordar nada, sabe que tiene que caminar sobre las calles de la ciudad, para encontrar lo que siempre ha buscado, el no sabe si lo encontrará, pero sí que está ahí, pues un día lo vio, lo sintió y lo hizo suyo.